Marzo 2019 — Sé nuestro invitado

Marzo 2019 — Sé nuestro invitado

Introducción

Este programa está diseñado para celebrar el don de la hospitalidad. Está dividido en tres partes: Discusión, Devoción, Oración. La parte dedicada a discusión ayuda a las mujeres a desarrollar una conversación acerca de sus experiencias, el estrés que puede causar el hecho de abrir nuestra propia casa a otras personas y las alegrías de la hospitalidad. La parte dedicada a devoción presenta a Cristo como Aquél que procura y desea extendernos su hospitalidad a nosotras. La parte centrada en la oración debe guiar a las mujeres a aceptar el ofrecimiento de Cristo de hacerles una visita en el momento que dediquen a estar a solas con Dios.

Discusión

Diles a las integrantes del grupo que contesten las siguientes preguntas escribiendo sus respuestas en una papeleta y que las pongan en una cesta. Saca las respuestas de la cesta una por una, léelas en voz alta y discútanlas entre todas. Algunas respuestas podrán ser graciosas, pero serán una representación muy gráfica de lo que cada persona entiende por hospitalidad. (Dediquen unos 20 a 30 minutos a este momento de discusión.)

  • Si Jesús te dice que Él va a venir a visitarte a tu casa esta tarde a las 3 p.m., ¿qué es lo primero que harías?
  • Si tuvieras que planear una tarde de actividades en compañía de Jesús, ¿qué actividades planearías?
  • ¿Cuál es la historia más bochornosa que has vivido de una visita que te hayan hecho parientes o amigos tuyos?
  • ¿Dirías que eres una persona hospitalaria? De ser así, ¿por qué? De no ser así, ¿por qué no?

Lean la historia de María y Marta en Lucas 10:38-42 y compartan sus respuestas a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál de las dos mujeres estaba practicando la hospitalidad?
  • ¿A cuál de estas dos mujeres dirías que te pareces más?
  • ¿Por qué consideró Jesús que María eligió hacer lo mejor?

Marta estaba atareada con los preparativos para Jesús y los otros invitados, pero se mostraba algo quejumbrosa al respecto. Era como si todo el regocijo de compartir una comida con Jesús se viera absorbido por la preocupación que sentía de preparar bien la comida. Puede que se haya sentido un poco cansada de haber estado haciendo todo el trabajo de preparar la casa y la comida. ¿Te ha pasado a ti algo similar cuando has tenido visitas en tu casa? (Compartan sus experiencias.)

Actividad

Guía a las integrantes del grupo hacia un momento de oración personal. Para ayudar a cada una de ellas a enfocar sus pensamientos, ten disponibles hojas para colorear (para adultos), crayolas, lápices de colores y marcadores. Pon a tocar música instrumental suave e insta a las mujeres a pedirle al Señor que las ayude a entender cómo desearía Él que practicaran la hospitalidad en sus vidas.

(Hojas para colorear—para adultos—con versículos bíblicos apropiados se pueden bajar de los sitios web Pinterest, Bing, o Google y se pueden imprimir fácilmente. También se pueden encontrar a muy bajo costo en Walmart y a veces en las “tiendas de todo a un dólar”. Asegúrate además de proveer hojas en blanco para algunas de las mujeres que podrían desear expresar su creatividad personal y crear sus propios dibujos.)

La hospitalidad y nuestro Señor

Cada don y cada habilidad que tenemos provienen del Dador de Dones, nuestro Señor. Esto significa que la hospitalidad tiene sus raíces en Dios. Nosotras podemos ser hospitalarias porque hemos sido hechas a Su imagen. El hecho de que la hospitalidad tenga sus raíces en el Señor significa que Él practica la hospitalidad a través de nosotras.

Cuando pensamos en la hospitalidad, pensamos en algo que damos a los demás. Pero la hospitalidad es más que poner la mesa y servir la comida. Consiste en la práctica de dar y recibir. Tomémonos los próximos minutos para pensar sobre la hospitalidad en el contexto de nuestra relación con Cristo y sobre este concepto de dar y recibir.

La hospitalidad tiene dos componentes principales: la vulnerabilidad y la mutualidad. Cuando se trata de pasar tiempo con Cristo tenemos que permitirnos a nosotras mismas mostrarnos vulnerables. Ser vulnerable significa presentarnos a nosotras mismas ante Cristo como mujeres que tienen una necesidad apremiante de ser cuidadas y protegidas de una manera especial. En los últimos 60 años, la sociedad ha presionado a las mujeres a mostrarse autosuficientes e independientes. Pero la verdad es que al encontrarnos ante Cristo debemos sincerarnos con Él, abrir nuestros corazones y estar dispuestas a reconocerle a nuestro amado Padre que estamos necesitadas. Una vez que hacemos eso, y que en el umbral del cielo nos mostramos vulnerables, Cristo nos abre la puerta y nos invita a compartir con Él su dulce compañía. Él provee el refrigerio que necesitan nuestras almas y el descanso que necesitan nuestros pies y nuestras manos. Nos dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28).

Cuando nos presentamos ante Él, Su respuesta es mostrarnos mutualidad. Mientras ayudaba hace unos días a un adolescente del Cuerpo con sus tareas, aprendí que en términos de biología, la mutualidad ocurre cuando dos especies diferentes convergen en un mismo espacio y existen en relación la una con la otra. Eso es exactamente el caso en la relación de Cristo con nosotras. Nosotras no somos iguales a Él. Nosotras somos mujeres. Él es Dios. Pero en Su amor inconmensurable, Cristo nos invita a tener una relación mutuamente beneficiosa en la que, si bien somos diferentes, podemos compartir con Él una relación de verdadero compañerismo. Yo no tengo nada que Él pueda necesitar, Él tiene todo lo que yo necesito y en ese entendido Él nos invita: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20, NVI).

¿Estarías dispuesta a ser vulnerable ante Cristo? ¿Estarías dispuesta a aceptar Su invitación a iniciar una relación mutuamente beneficiosa con Él? Él es Aquél que sabe quién eres realmente y así y todo te ama más que la vida. Ven, entra a visitar al Salvador, sé su invitada, siéntate a sus pies y Él refrescará tu alma.

Cierre

Concluye la reunión con una oración o bien usa el siguiente pasaje del poema “Christ, Whose Glory Fills the Skies” (Cristo, cuya gloria llena los cielos) de Charles Wesley. También puedes encontrar videos de esta canción en YouTube.

Cristo cuya gloria llena los cielos,

Cristo, la verdadera y única luz,

¡Sol de Justicia, levántate!

Triunfa sobre las sombras de la noche;

primavera de luz en las alturas, ¡ven a nosotros!

Estrella diurna, ¡aparécete en mi corazón!

 

Visita, pues, esta alma mía;

penetra las tinieblas del pecado y el dolor;

lléname, radiante Hijo divino;

disuelve toda mi falta de fe

revélame cada vez más de Ti,

irradia la luz de Tu día perfecto.

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