Despertar en Una Nueva Estación
Introducción
“A veces, cuando te encuentras en un lugar oscuro, piensas que te han enterrado; pero, en realidad, te han plantado”. (Autor: Desconocido). El propósito de este programa es que las mujeres comprendan que, sin importar la etapa de la vida en la que se encuentren, el Señor está con ellas y desea utilizarlas para Su gloria.
Decoraciones
Coloque un centro de mesa en cada mesa para representar las diferentes estaciones. Esto puede ser muy sencillo, utilizando los siguientes elementos en jarrones: primavera — follaje o capullos de flores; verano — flores en plena floración; otoño — hojas otoñales; invierno — una rama desnuda.
Ideas para Programas
Escritura
Comience el programa mostrando uno de estos videos de YouTube sobre Eclesiastés 3:1-8. https://www.youtube.com/watch?v=4-_P5G21tj8 https://www.youtube.com/watch?v=BZ1TpIygxvA
Para una versión diferente, consulta este sitio web: ¡Turn! ¡Turn! ¡Turn! https://www.youtube.com/watch?v=pKP4cfU28vM
Cuatro Estaciones
Edad Biológica
Pida a las mujeres que hagan un dibujo de cada una de las estaciones, utilizando una hoja de papel distinta para cada una. (Anímelas a participar, aunque solo utilicen figuras de palitos). Una vez terminados los dibujos, pregúnteles: ¿con cuál de estas estaciones identifican su edad biológica actual? Por ejemplo: Primavera — infancia, adolescencia, adultez temprana, recién casada. Es una época de nuevos comienzos, crecimiento y aprendizaje. Verano — casada, hijos en casa, vida profesional activa. La vida es sumamente ajetreada. Goza de buena salud. Otoño — el nido se vacía, las relaciones pueden cambiar, sigue trabajando pero piensa en la jubilación; surgen nuevos amigos y viajes. Este es el inicio de la transición que conduce al invierno. Invierno — la dinámica familiar ha cambiado, llegan los nietos, la salud empieza a deteriorarse, resulta más difícil viajar y cuesta más ver a familiares y amigos. Por último, pídales que identifiquen cuál ha sido su estación favorita.
Edad Espiritual
Pida a las mujeres que revisen sus fotografías e identifiquen su «edad espiritual», es decir, el punto en el que creen encontrarse hoy en día. Es posible que esta no coincida con su edad biológica. Imprima y distribuya tarjetas de conversación que contengan ejemplos de cada estación espiritual. Por ejemplo: Primavera — una cristiana nueva, deseosa de leer la Biblia y aprender sobre Jesús. Verano — sigue creciendo espiritualmente; lee la Biblia, ora, realiza devocionales y participa activamente en el ministerio. Otoño — tiene la capacidad de involucrarse más en el ministerio, ¿o existe la tentación de dejar de participar debido a otros intereses? Invierno — no participa en ningún ministerio y encuentra muchas excusas (que no están relacionadas con la edad ni con la salud). No lee la Biblia, no ora ni asiste a la iglesia. Afirma ser cristiana, pero su vida no lo refleja.
Discusión
Divida a las mujeres en grupos pequeños de dos o tres personas y pídales que compartan sus imágenes y respuestas. Siempre que sea posible, procure que haya una mezcla de cristianas maduras con aquellas que son menos maduras.
Dios en Cada Estación
Anteriormente se les pidió que escribieran su estación favorita desde el punto de vista biológico. ¿Cuál identificaron como su favorita? ¿Hay alguna estación que les gustaría repetir? Si es así, ¿por qué? (Las mujeres pueden responder verbalmente o en silencio).
¿Le resultó más difícil contemplar las estaciones espirituales? A veces es bueno que nos demos cuenta de que todos nos encontramos en diferentes estaciones espirituales. Así como las aves, los árboles y los animales necesitan las estaciones para su crecimiento y subsistencia, nosotros también las necesitamos. Las diferentes estaciones de nuestra vida —sean buenas o malas— son valiosas para nuestro aprendizaje y crecimiento espiritual. Debemos recordar que, incluso en esos momentos difíciles, las promesas de Dios siguen siendo verdaderas. En Santiago 1:2-4 leemos: “Consideren como pura alegría, hermanos míos, cada vez que enfrenten pruebas de muchas clases, porque saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Dejen que la perseverancia complete su obra, para que sean maduros y completos, sin que les falte nada”. Y cuando llegan esas pruebas —como ocurre en cada estación—, debemos recordar lo que dijo Jesús: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues soy de corazón manso y humilde, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (Mateo 11:28-30).
En las estaciones favorables, nos resulta fácil compartir momentos de alegría con los demás. ¿Por qué, entonces, cuando llegan las pruebas, nos mostramos reacios a compartirlas con nuestros hermanos en la fe y a pedirles que oren por nosotros? Gálatas 6:2-3 (NTV) nos dice: “Compartan las cargas de los demás, y de esta manera obedecerán la ley de Cristo. Si creen que son demasiado importantes para ayudar a alguien [o para pedir ayuda], solo se están engañando a sí mismos; en realidad, no son tan importantes”. Incluso si las pruebas que enfrentamos son consecuencia de nuestro propio pecado, se nos exhorta a: “Confiesen sus pecados unos a otros y oren unos por otros para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene gran poder y produce resultados maravillosos” (Santiago 5:16). Al mirar atrás y recordar esos momentos difíciles, ¿puedes ver cómo Dios estaba utilizando tanto lo bueno como lo malo para tu propio crecimiento?
Sea cual sea la estación de la vida en la que te encuentres, recuerda que Dios camina a tu lado: enseñándote, consolándote y sosteniéndote, tanto en los buenos como en los malos momentos. Nuestras vidas nunca permanecen estancadas. Dios siempre está obrando, y nosotros siempre estamos cambiando. Incluso ahora, Dios podría estar preparándote para una nueva etapa en tu vida. ¿Estás abierto a Su guía a medida que creces en tu caminar espiritual?
Cierre con Oración:
El Señor dijo: “No siempre te sacaré de la tormenta, pero siempre te haré atravesarla”. Señor, que recordemos siempre esta promesa, porque dijiste: “Nunca te dejaré; nunca te desampararé” (Hebreos 13:5b).
