Octubre 2018 — ¡Celebramos tu regreso a casa!

Octubre 2018 — ¡Celebramos tu regreso a casa!

Decoraciones

Coloca sobre las mesas fotos de personas que no hayan estado viniendo a los ministerios femeninos o a otros programas del Cuerpo desde hace tiempo. En el centro de la mesa, pon un letrero que diga: “¡Bienvenidas a casa!”

Programa

Envía una invitación especial a aquellas mujeres que últimamente se hayan ausentado y ofréceles transporte al lugar donde se realiza la reunión de los ministerios femeninos. Asegúrate de darles la bienvenida a todas aquellas que acepten la invitación; diles que las han extrañado y que están contentas de volver a verlas.

Después del devocional, tómense un momento para orar por las mujeres cuyas fotos están sobre las mesas. Escriban sus firmas en tarjetas y envíenselas a las integrantes que últimamente se hayan ausentado y exprésenles que las han extrañado y que las recuerdan en sus oraciones.

Proyecto

Planifica un día en que el grupo de ministerios femeninos y otros miembros del Cuerpo preparen una comida para un albergue local para personas en situación de calle o para un grupo de veteranos de guerra. La comida puede ser llevada al albergue o bien pueden hacer que los clientes del albergue vengan al Cuerpo. Luego de la comida, pasen un rato conversando con los invitados para conocer sus historias personales. Comparte un breve mensaje devocional para asegurarles que Dios siempre desea tenerlos de vuelta y darles la bienvenida a Su casa. Entrégale a cada invitado un pequeño regalo que exprese lo importantes y amados que son.

Otro proyecto sería preparar una comida para los padres que se estén quedando en un Hogar de Ronald McDonald de su comunidad. Se suele hallar estos hogares cerca de los hospitales de niños y lo que hacen es ofrecer vivienda a los padres de niños que están en el hospital por un período de tiempo prolongado. Contacta al administrador del Hogar para averiguar el día en que el grupo podría prepararles una comida y las normas que deben acatar en lo que respecta a la preparación de las comidas.

Introducción al devocional

Los siguientes elementos ayudarán a introducir el devocional. Canten el coro: “There’s a Welcome Here” (Te damos la bienvenida). La letra (en inglés) y música se puede hallar en YouTube. Lean Lucas 15:11–31, pasaje bíblico que relata la historia del Hijo Pródigo. Canten en inglés la canción “Celebrate Me Home” (¡Celebren mi regreso a casa!) de Kenny Loggins. Esta canción está disponible con subtítulos en español en YouTube.

¡Bienvenido a casa!

Todas tenemos alguien en nuestras vidas que se ha ausentado de casa por un largo período de tiempo. Puede ser el caso de un estudiante de la universidad, un veterano de guerra o alguien que luego de mudarse a otra ciudad por fin ha regresado. Trátese de unas pocas semanas, meses o incluso años, rebosamos de alegría cuando los tenemos de vuelta entre nosotras, tal como el padre—en la historia del Hijo Pródigo—cuando su hijo regresó a casa.

La historia del Hijo Pródigo, que se relata en Lucas 15:11-31, comienza cuando el hijo menor le pide a su padre que le dé su parte de la herencia porque quiere ser independiente, conocer el mundo y aprender a vivir por su propia cuenta. No quería esperar hasta que su padre falleciera para recibir su parte de la herencia. La quería de inmediato mientras era joven para poder disfrutar de ella.

Fue así como el padre dividió la herencia: un tercio para el hijo menor y dos tercios para el mayor, tal como dictaba la costumbre en esos tiempos. El hijo menor empacó sus pertenencias y dejó la casa de su padre. Cada día, mientras su hijo se encontraba lejos, el padre esperaba verlo regresar a casa. Día a día, semana a semana, mes a mes, el padre, ansioso, lo esperaba. Así tal cual es Dios cuando uno de sus hijos se aparta de Él. Dios, ansioso por cada uno de sus hijos, los espera ansiando su regreso.

El hijo menor rápidamente derrochó todo su dinero en comida, bebida y amigos. Pero una vez que se le acabó todo el dinero, también se esfumaron sus amigos. Estaba arruinado y completamente solo. En ese trance, se dijo a sí mismo: “¿Qué voy a hacer ahora? No puedo regresar a casa; cometí el desatino de pedir mi herencia por anticipado y la he despilfarrado. Mi padre no me aceptará de vuelta porque soy una vergüenza de hijo”. ¿No es así como nos sentimos nosotras cuando hacemos algo que sabemos no es correcto ante los ojos de Dios? Podría ser el caso cuando mentimos, robamos o sencillamente cuando no hacemos lo que sabemos que es lo correcto. Sabemos que le estamos fallando a Dios y pensamos que Él ya no nos va a querer de vuelta. Pensamos que no hay manera de que Él pudiera querernos de vuelta después de lo que hemos hecho.

Al reflexionar sobre la situación en que se encontraba, el hijo pródigo se dio cuenta que a los siervos de su padre les iba mejor que a él. Razonó que si regresaba a casa y se ofrecía para trabajar como siervo al menos tendría un lugar donde dormir, alimento para comer y ropa para vestirse. De modo que decidió volver a casa. En el camino de regreso, probablemente pensó en lo que le iba a decir a su padre. “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo. Permíteme trabajar como uno de tus jornaleros asalariados”. Así es como nosotras mismas solemos sentirnos cuando nos damos cuenta de que hemos hecho algo malo y queremos volver a ser aceptadas por Dios. Nos sentimos como si no mereciésemos su perdón ni su gracia.

Cuenta la historia que cuando el hijo pródigo se acercaba a la casa de su padre, pero todavía estaba a una distancia considerable, su padre lo divisó a lo lejos y se llenó de amor y compasión. Corrió hacia donde estaba su hijo y lo abrazó. Lo besó en la mejilla y lo estrechó en un fuerte abrazo. Cuando el hijo trató de repetir las palabras que tenía preparadas, su padre no lo escuchó. Les dijo a sus siervos que le trajeran la mejor ropa para vestirlo, las mejores sandalias y le pusieran un anillo en el dedo. Luego les dijo a sus siervos que mataran al ternero más gordo que habían estado cebando. Y agregó: “Porque esta noche, celebraremos a mi hijo que ha vuelto a casa”.

¿Acaso no es así como nos sentimos cuando un miembro de nuestra familia, un integrante del Cuerpo o una amiga o amigo que ha estado lejos por largo tiempo regresa a casa? Lo único que queremos hacer en momentos como ésos es celebrar el regreso de esa persona. Así es como se siente Dios cuando uno de sus hijos extraviados regresa a Él. Cuando le pedimos a Dios que perdone nuestros pecados y nos recibe de vuelta, los ángeles, Dios y todos sus hijos celebran y se regocijan por su hijo que ha vuelto a casa.

Pero no todos en esta historia se sentían felices. El hermano mayor reaccionó con enojo porque su padre había recibido a su hermano y había hecho una fiesta para celebrar su regreso. Lo mismos es cierto de Satanás. Él no está feliz cuando una de nosotras regresa a Dios pues cuando eso sucede es que ha perdido la batalla.

Pon a tocar la canción (con subtítulos en español) “Your heart will lead you home” (Tu corazón te guiará de regreso a casa) de Kenny Loggins. (Está en YouTube.)

Si todavía estás tratando de averiguar qué es lo que realmente quieres y ninguno de los caminos por los que te has aventurado te lleva a ninguna parte, quizás debieras considerar la posibilidad de reencontrarte con Dios y dejar que Él se haga cargo de todo. La canción que acabamos de escuchar dice: “Your heart will lead you home” (Tu corazón te guiará de regreso a casa).  Escucha Su voz que te dice “¡Vuelve a casa!”

Para concluir, canten la canción 107, “Con tierno amor hoy Jesús te convida” del Cancionero del Ejército de Salvación.

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