Junio 2022 – Esperanza en la angustia

Junio 2022 – Esperanza en la angustia

Antes de realizar este programa de adoración pida a las mujeres que lean el libro de Rut en casa.

Arreglos

Reproduzca música instrumental suave. Utilice arreglos florales simples como centros de mesa. Tenga a disposición cajas de pañuelos, ya que hablar sobre el dolor puede ser muy emocional.

Refrigerio

Café, té, agua con cuadraditos de limón, pastel de fresas o una tarta de lima esponjosa. Puede encontrar las recetas en internet. El siguiente es un sitio: https://horneandolasnubes.com/tarta-de-lima/

Cómo sobrevivir el dolor

Si sabe que una de las mujeres ha sufrido una gran tristeza en su vida (la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, la pérdida del hogar, una gran enfermedad), pregúntele si está dispuesta a compartir su testimonio sobre su dolor y cómo Dios habló con ella durante este tiempo.

Faroles de papel

Compre faroles de papel; los puede encontrar en Amazon. Al final de la reunión invite a las mujeres a escribir una nota de liberación o de agradecimiento a Dios, luego encienda simbólicamente los faroles y mírenlos volar hacia el cielo. Si no está permitido encender los faroles en su comunidad, use globos de helio.

Una carta a Dios

Anime a las mujeres a escribir una carta a Dios expresando sus sentimientos de desilusión o tristeza. Pueden sellarlas y llevarlas a casa o triturarlas. Para las mujeres que deseen compartir sus cartas con el grupo puede ser sanador.

Terapia de arte

Si a las mujeres les gusta el enfoque práctico, invítelas a dar forma a sus sentimientos de dolor trabajando con arcilla o papel y lápices.

Tarjetas con pasajes bíblicos

Cree tarjetas con pasajes bíblicos de aliento para enviar a otras. Sugerencias de pasajes bíblicos:

Josué 1: 9 –                 «Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas».

Salmos 34:18 –           «El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido».

Salmos 46:1 –             «Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia».

Salmos 147:3 –           «Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas».

Mateo 5:4 –                 «Dichosos los que lloran, porque serán consolados».

Juan 14:1 –                  «No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí».

Romanos 8:28 –          «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito».

Apocalipsis 21:4 –      «Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».

Lavado de pies

Lea Juan 13:1-9

Considere cerrar el período de adoración, siguiendo el ejemplo de Jesús y lave los pies de las mujeres. Disponga de dos o tres mesas (según el tamaño de su grupo). Pida a una de las de las líderes que la ayude. Debe pararse detrás de un recipiente con agua, con toallas de mano y loción. Si esto es incómodo para su grupo, puede lavarles las manos. El recordatorio es que Dios escucha nuestras oraciones. Él gentilmente remueve la «basura» que permitimos que se acumule y luego con amor y dulzura nos da el consuelo de su Espíritu Santo. Oración final.

Preguntas de discusión

  1. ¿Cómo describiría el dolor o la pérdida?
  2. ¿Ha sufrido una pérdida? (Muerte, infertilidad, pérdida de trabajo o del hogar).
  3. ¿Cómo podemos ayudar a alguien en un momento de pérdida?
  4. ¿Qué dice la Biblia con respecto a nuestros sentimientos?
  5. ¿Cómo vio la mano de Dios obrar durante sus días difíciles?

Pariente-redentor

La historia de Noemí, como se describe en el libro de Rut, es una ilustración de los nombres de los personajes. Noemí significa «mi alegría». Ella estaba casada con Elimélec, que significa «Dios es Rey». Elimélec era de Belén y todo estaba bien hasta que una hambruna azotó la tierra. Si hubiera estado a la altura de su nombre y confiado en Dios, podría haber evitado muchos problemas a su familia. En cambio, eligió una ruta sin fe y se trasladó a la tierra extranjera de Moab, un lugar donde Dios no era reconocido como Rey.

Noemí y Elimélec tuvieron dos hijos, Majlón (que significa «enfermo») y Quilión (que significa «convaleciente»). Los dos hijos se casaron con mujeres moabitas. Al poco tiempo, ocurrió una tragedia. Primero, murió Elimélec haciendo de Noemí una viuda. Para cuando llevaban 10 años en Moab, sus dos hijos también habían muerto, dejando así a tres viudas en duelo. Noemí animó a sus nueras a que regresaran con sus padres para recibir sustento. Una de ellas besó a su suegra y lloró amargamente mientras regresaba con sus padres. La otra nuera, Rut, decidió quedarse con Noemí y le dijo: «Iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas». Rut y Noemí emprendieron el viaje hacia el hogar de Noemí en Belén.

Cuando llegaron, la gente inmediatamente reconoció a Noemí; pero, cuando les habló, dijo: «Ya no me llamen Noemí. Llámenme Mara». ¡Mara significa «amargura»! Reflexionemos un momento sobre el punto más bajo en sus vidas. Tal vez han perdido un trabajo o pasado por angustiosas dificultades financieras. Tal vez alguien cercano las rechazó. Tal vez la muerte de una persona las hizo dudar de Dios y se volvieron iracundas y amargadas. Bueno, esa fue la experiencia de Noemí. «Llámenme Mara, porque el Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura» (Rt 1:20).

Esta es también una imagen de desesperanza. Una viuda triste regresando a la casa que había dejado tras perder a su marido y sus dos hijos, y acompañada por su nuera extranjera. Noemí dijo: «me fui con las manos llenas, pero el Señor me ha hecho volver sin nada» (Rt 1:21). Gracias a Dios que este no es el punto final de la vida de Noemí, sino el comienzo de una historia increíble de esperanza y redención.

Hay mucha bondad y mucho perdón en esta historia que comienza con la extraordinaria Rut. Durante la cosecha, Rut va a recoger las espigas de un campo que pertenecía a Boaz, un miembro de la familia de Elimélec. Boaz se fijó en Rut y se enteró de su reputación, entonces no solo le permitió que recogiera espigas en su campo, sino también se aseguró de que tuviera suficiente para beber y comer. De hecho, Rut recogió espigas con tanto éxito que le llevo a Noemí como veinte kilos de cebada.

Noemí le cuenta a Rut sobre Boaz, quien vemos que era un «pariente-redentor». Un pariente que puede redimir representa a un miembro de la familia que no puede actuar en su propio nombre. En este caso, Noemí era viuda y no podía vender la tierra que había pertenecido a su esposo Elimélec. Para vender la tierra necesitaba que un pariente-redentor comprara la tierra de ella. Al hacerlo, Boaz no solo restauró a Noemí, sino también tomó a Rut como su esposa para continuar el nombre de la familia. ¡Qué historia de redención tan maravillosa vemos en las vidas de Noemí y Rut! Es aún más notable cuando vemos que Rut se convirtió en la bisabuela del rey David y parte del linaje de Jesucristo.

Espiritualmente, Noemí estaba en un momento muy bajo; al punto de una profunda amargura. No obstante, Dios no se olvidó de ella. Uno podría argumentar que Noemí había renunciado a la vida, pero su regreso a Belén fue un paso importante hacia la redención. Dejó la tierra sin Dios de Moab y regresó a su casa de Belén y, como tal, de nuevo a la voluntad de Dios. Cuando nos damos cuenta de que nos hemos apartado de Dios, el primer paso importante es dar la vuelta hacia Él. En tiempos de amargura, debemos aferrarnos a la esperanza que es Jesucristo.

Tomen el mismo camino de Noemí y Rut. Tuvieron momentos de oscuridad desesperada; la pérdida de sus seres queridos, la pérdida de su posición y un sentido genuino de que Dios las había abandonado. Si tienen en cuenta el punto más bajo de las pérdidas como estar lejos de Dios y su posterior viaje como la redención, ¿dónde están paradas en este momento? Si su vida es oscura, ¿es porque se han apartado de Él? Si es así, es hora de volver a Dios. Si han regresado a Él, pero aún no pueden ver el camino adelante, pongan su confianza en Él, que ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré» (Hebreos 13: 5). Si han sido totalmente restauradas, alaben a Dios por su fidelidad.

Jesucristo es nuestro Pariente-Redentor; Él nos ha llamado hermanos y hermanas. «Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Heb 2:11). Con Su sacrificio en la cruz, Jesús pagó el precio de nuestra redención y ahora está sentado al lado del Padre intercediendo por nosotras. El Señor Jesucristo nos compró para sí mismo, de la maldición, de nuestra miseria. Él nos ha hecho Su propia novia amada y nos ha bendecido por todas las generaciones. Él es el verdadero Pariente-Redentor de todos los que lo invocan con fe.

Ruth – Who Would Have Thought?